Reflexiones

Pon en manos del Señor todo lo que haces, para que tus planes se hagan realidad.

¿Estamos donde queremos estar? Si este es el caso, solo resta dar gracias a Dios por habernos bendecido con la realización de nuestros sueños y pedirle que nos mantenga en el mejor camino posible. Si no estamos donde queremos estar, hay dos reflexiones que podemos hacer: si ya tenemos planes definidos y si estamos haciendo algo para realizar esos planes. Considera que tus planes y logros vayan de acuerdo a la palabra de Dios, que no te ciegue la ambición desmedida, que el amor sea el fundamento de tu vida y no solo los bienes materiales. Sean coherentes con su fe. “¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, va a añadir una hora a su vida?” (Mateo 6:27).

Debemos querernos, aceptarnos, no sentir que hemos fracasado si aún no podemos realizar nuestros planes. Simplemente hay que poner en manos de Dios todo lo que hagamos para que nuestros planes se hagan realidad.

Planes definidos:
“El ser humano propone, pero es Dios el que dispone.” (Proverbios 16:1)

A veces tenemos dificultad para definir los planes o cambiamos de prioridades dejando nuestros planes inconclusos. A pesar de las diversas técnicas de planificación que existen, no siempre es fácil aplicarlas. Por ejemplo, preguntarse “cómo me veo en X años” puede generar angustia. Entonces, definir los planes podría ser en sí un reto. Si lo intentamos todo pero no encontramos ideas para un plan, podemos pedir a Dios que nos ilumine para encontrar ideas. A mí me ha resultado bastante efectivo apuntar todo lo que viene a mi mente en una agenda, todas las ideas que se me ocurren, por más diversas o raras que parezcan. He llegado a tener una lista con más de 100 ideas de cosas que quisiera hacer. En este punto, si es que resulta abrumador, pido a Dios ayuda para definir un plan a partir de una de esas ideas o de una nueva idea que aparezca.

El plan en sí ya constituye una serie de acciones para volver realidad una idea. Es importante dar un primer paso, pensando en el plan y no en las dificultades: ver qué tenemos ya y no lo que nos falta. Dividir el plan en pedazos más manejables y ponerlos en la agenda también ayuda a visualizar tanto el plan como las acciones. De esta manera lo único que debo hacer es planificar un día a la vez, hasta encontrar la acción que corresponda dado el momento. Es muy importante ser flexible y adaptarse, porque el entorno cambia y cada día trae sus propios retos. Habrá días en que no querremos hacer nada y podremos mover las actividades a otras fechas, pero al menos deberemos estar pendientes de nuestra agenda y ver la forma de seguir adelante con los planes.

Acciones para realizar esos planes:
“El ser humano proyecta su camino, pero es el Señor quien dirige sus pasos.” (Proverbios 16:9)

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