La Misericordia y el Perdón

En este nuevo mundo donde es tan fácil ofender a gran escala, cobardemente tras una pantalla, sin necesidad de dar la cara, nos prima inculcar valores con un enfoque vigente. Sabemos que comentar o responder un mensaje en una red social, implica que esas palabras tienen la posibilidad de volverse virales, de ser vistas por miles de personas en pocos minutos, y lo más grave, de ser tomadas como una sentencia indudable, para aquella persona, a quien se envió la respuesta, cuando en realidad es únicamente la opinión de quien comenta.

Si hemos enviado un mensaje ofensivo y este se ha vuelto viral, aunque luego nos disculpemos, ya será difícil reparar el daño hecho, especialmente cuando se ha afectado la honra, autoestima, reputación y sentimientos de las personas, cuando se ha afectado la vida de la persona en su diferentes ámbitos e incluso a sus seres queridos. Una disculpa por más honesta y extensa, por más insistente que se aseste, tendrá siempre detrás la ofensa, y la duda de los receptores, pero sobre todo, habrá creado una herida y una cicatriz en las personas ofendidas.

Tenemos el mandato divino de ser benignos unos con otros, misericordiosos, que se traduce en la sencilla lógica de tratar a otros como queremos que nos traten y perdonar como quisiéramos ser perdonados. La misericordia es una virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos. Anteponiendo la misericordia a cada uno de nuestros actos, sea que nuestro receptor lo necesite o no, estaremos evitando la necesidad de pedir perdón y de llevar esa pesada carga en nuestra conciencia.

Entonces, como regla general, antes de comentar o responder un mensaje, preguntémonos a conciencia si estamos siendo misericordiosos, independientemente de que a nuestro parecer, esa otra persona a quien vamos a responder, lo merezca o no; porque no somos jueces; porque podemos ser mejores personas y responder a la altura de la misericordia que en nosotros habita y a la que podremos acudir si cometiésemos un error y quisiéramos ser perdonados. Si no tenemos nada bueno que decir, mejor no lo digamos; o busquemos la manera positiva de expresarnos.

Antes de comentar o responder en una red social, con la mayor empatía posible, pensemos como si fuéramos la otra persona a quien vamos a enviar nuestras palabras y analicemos cómo nos sentiríamos, cómo nos afectaría, cómo afectaría nuestra vida y a las personas que nos rodean; pensemos cómo se sentirían nuestros padres y nuestra familia, cómo nos verían en nuestro lugar de trabajo o estudios, en la calle, en las redes sociales; pensemos cómo quisiéramos fraguar nuestra imagen, antes de proyectar la imagen de la persona a la que le escribimos. Recordemos que hay una ley inmutable: solo se puede cosechar lo que se siembra.

La Misericordia y el Perdón

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