Cruzando la línea del miedo

Miedo tenemos todos. Miedo a quedarnos solos, a perder un ser amado, a quedarnos sin sustento; miedo de la enfermedad, de la maldad, de la injusticia, de la oscuridad, de cosas y situaciones. El miedo es como una sombra abrumadora que nos rodea y se apodera de nuestra mente, que nos sume en la oscuridad y muchas veces nos lleva a la depresión u otros problemas.

Aunque sea un solo paso, a veces se ve un abismo oscuro, impenetrable, que nos congela, como en las pesadillas donde no se puede mover el cuerpo cuando hay que escapar. Qué difícil se nos hace romper este estado, salir de la oscuridad, incluso ver la luz que nos espera tras ese portón; no vemos la salida.

Está bien tener miedo… Tener miedo significa que estás a punto de hacer algo muy, muy valiente. Cuando uno está asustado, es porque tiene algo por venir que requiere mucho coraje para superar. Cruzar la línea del miedo requiere mucho valor, porque nos enfrentamos a situaciones inciertas y tememos salir heridos.

Detrás de la puerta del miedo, se encuentran las mejores cosas de la vida, aquellas que valen la pena pasada. Y una vez del otro lado, se puede mirar atrás con la satisfacción de haber tenido la bravura para avanzar, a pesar de ese miedo. ¡El dulce alivio! Sentir que ya pasó esa turbación y que podemos continuar con la vida, con nuevos aires.

¿Cómo cruzar la línea del miedo?

Es más fácil cruzar de la mano de una persona que nos acompañe. Aunque sintamos que estamos solos, siempre hay alguien dispuesto a ayudarnos. Generalmente es la familia, pero no siempre. Si tenemos la suerte de encontrar un buen amigo, también es otra opción. En ocasiones he observado que las personas que estimas quieren verte bien, pero no mejor que ellas.

Por eso he decidido confiar en los profesionales. En mi experiencia, las personas que más me han ayudado han sido un sacerdote y una coach. Además, de otros profesionales sanitarios como psicólogas y psiquiatras, más allá de la medicación y las terapias, el coaching como guía emocional y el sacerdote como guía espiritual, son la fuerza nuclear de mi mejoría, de donde salió la fuerza para superar los miedos que afectaban mi calidad de vida.

Yo he sentido una gran diferencia: un coach o un sacerdote no te hacen sentir enfermo, no te atienden en un frío consultorio, ni te tratan como a un paciente sometido a un criterio; no te hacen sentir objeto del negocio de una farmacéutica ni como una fuente de sus ingresos por hora, no te ponen un límite de tiempo para atenderte… no sé si les ha pasado lo mismo.

La coach y el sacerdote te acompañan a tu lado, no te juzgan ni te critican, no indagan en los errores de tu pasado, no te etiquetan con alguna enfermedad, no te encasillan en un trastorno o en un síndrome. Te atienden en un lugar cálido, como cuando visitas un amigo querido en su hogar; te puedes tomar un café con ellos, descargar tu miedo y transformarlo en valor.

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Ellos te ayudan a encontrar el mejor camino para cruzar la línea del miedo, a tu propio ritmo, de acuerdo a tu situación específica, como un individuo único. No te medican para amortiguar el miedo, sino que buscan ayudarte a superarlo de raíz. Además no son egoístas respecto a otros profesionales, porque si ven que necesitas ayuda de otro tipo, sabrán aconsejarte a qué otro profesional acudir.

Respecto a los sacerdotes: aunque no voy regularmente a la iglesia, quienes me ayudaron más fueron los sacerdotes de la Orden de Carmelitas Descalzos (OCD), que suelen tener muchos estudios formales de nivel superior, no solo en asuntos religiosos, sino en temas específicos para ayudar a las personas.

Respecto a la coach: presencialmente me ayudó muchísimo una coach en Quito – Ecuador, que me recibía en su hogar, de manera cálida pero muy profesional y que fue quien más me ayudó a mejorar mi calidad de vida respecto al miedo. También tuve ayuda mediante llamadas personales y video conferencia de otra coach que me atendió desde España y también fue excelente.

Mi recomendación en base a mi propia experiencia y mi diversa investigación:

Independientemente de su religión, acudan a un guía espiritual de su preferencia, pues ellos tienen un punto de vista diferente muy interesante y sobre todo la vocación de servicio sin fines de lucro, aunque yo siempre trato de dejar una ofrenda económica voluntaria, lo que más den mis posibilidades.

El coaching resultó una ayuda fundamental para mí; tuve la suerte de encontrar una persona bien preparada, que estudió varias técnicas, como la programación neurolingüística, terapia de la línea del tiempo, hipnosis entre otras. En un acuerdo, un coach recibirá el pago que honestamente esté a tu alcance.

No son actos mágicos que van a impedir que volvamos a sentir miedo; el miedo es necesario en cierta medida para nuestra supervivencia. El coach y el sacerdote son una ayuda para superar el momento presente y avanzar con una buena calidad de vida.

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Contacto para citas de Coaching:

WhatsApp: (+593) 0999800601 | Francis Meza.

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